A la búsqueda de sentido. Welcome 2018.

“Nada contiene tanta sabiduría como alcanzar la libertad interior. No sólo es fruto de la gracia, sino también del coraje de haberse conquistado a uno mismo. Lo paradójico es que, para conquistarse a uno mismo hay que dejarse conquistar por lo trascendente. Hay que poner límites a la voluntad y entregarse a la vida, como el artista se entrega en cuerpo y alma para desvelar a través de él, la verdad que se esconde en lo que ve. Al final su presencia es necesaria como canal de revelación. Así somos cada uno de nosotros. Canales de conciencia a través de los que la vida se revela. Canales que permanecen conectados a una fuente inagotable de amor”

Raimon Panikkar

DSC_0066

felicitació sophie germain

 

Hoy las palabras no son mías, sino regaladas.

Gracias por las palabras y los silencios recibidos.

Anuncios

Бела Хaймовна Эйдус (Bela)

Bela Jaimovna ha muerto. Murió el 10 de agosto en Moscú. Tenía 85 años y era mi amiga. El día de Navidad faltó su llamada. Qué Navidad extraña sin esa llamada. Durante 25 años la llamada no había faltado nunca, y esa ausencia no auguraba nada bueno. Nuestra amistad se destiló a lo largo de estos 25 años, en llamadas alegres o no tan alegres, pero en las que el afecto cruzaba continentes gracias a su voz jovial y una alegría de vivir incomparables.

Bela Eidus, era judía, hija del Cónsul de Rusia en la Cochinchina francesa, cuando estalló la revolución en 1917. Tras la Guerra Civil nunca más vio a su padre, deportado por judío. Su hermano Lázaro también fue deportado al gulag, por la misma judía razón. Bela y su madre fueron deportadas a Asia Central, donde coincidieron con Anna Ajmatova.

De esa época reproduzco una de las más bonitas historias de resistencia que Bela me explicó. En su tiempo deportadas, vivían madre e hija en una habitación, de cuatro paredes, en la que había tres muebles: una mesa, una cama que compartían madre e hija y un piano, que solo tocaba la madre. Cada mañana cuando Bela iba al instituto, donde destacó como buena estudiante, la madre se quedaba en casa sin demasiada ocupación. Por la tarde los tres muebles habían cambiado de ubicación. La única ocupación de la madre era mover esos tres muebles, para sorprender a Bela con algo. Según Bela, la sorpresa diaria sobre la combinación de los tres muebles arrimados de forma distinta a las cuatro paredes, le insuflaba ilusión en un mundo donde resultaba difícil mantener simplemente una vida digna.

Lázaro, el hermano de Bela escapó del gulag con cinco compañeros. Llevaba más de diez años en prisión (un gulag es una prisión sin puertas ni vallas, sólo separada del mundo por el frío y la soledad) y según contaba él, tras tanto tiempo allí la única opción era la muerte, en el gulag o escapando de él. Tardó casi tres años en llegar a Israel, en un trayecto también plagado de muerte, huyendo campo a través, pescando, navegando, sobreviviendo contra todo pronóstico. Sólo llegaron dos de los seis que habían salido. Tardó siete años más en poder comunicar a su hermana que estaba vivo, fuera del gulag, fuera de la Unión Soviética. A salvo en Jerusalén. Para entonces la madre de Bela y Lázaro ya estaba muerta. Cuando Bela y Lázaro se reencontraron en el Moscú post-comunista, hacía más de 40 años que no se veían. Siempre me impresionó mucho la devoción con la que Bela hablaba de su hermano. Y la devoción que Lázaro sentía por Bela.

Tras su etapa en Asia Central, Bela y su madre pudieron volver a Moscú (sin el piano…). Allí, mi amiga se dedicó a estudiar español, al más alto nivel posible en esa Unión Soviética cerrada y aislada del resto del universo. Bela hablaba un castellano cervantino, con giros casi medievales. Pero más que correcto, sobretodo para una persona que nunca había podido moverse libremente, ni tan siquiera por la ciudad de Moscú. Era profesora asociada de castellano en la Universidad Lomonosov, y sin duda, si en su pasaporte no hubiera constado su condición de judía, hubiera sido jefa del Departamento, o quién sabe si de la Universidad entera. Su capacidad de trabajo, su amor por los alumnos y su pasión por la lengua la hubieran convertido en alguien grande en cualquier país normal.

En el año 1976, como un gran privilegio y muestra de confianza hacia ella por parte del sistema, Bela hizo de guía y traductora para un grupo de profesores universitarios españoles entre los que se encontraba quien, 15 años después, sería mi profesor de geografía humana y hacedor del encuentro entre Bela y yo.

En el año 1991 partí hacia Rusia con la dirección de Bela en mi bolsillo. Nikoloiamskaia ulitsa, 45, apartamento 5. Tardé casi un par de meses en coger carrerilla y contactarla. Mi juventud e inexperiencia me hacían ver la visita como un compromiso adquirido por otra persona y que yo debía cumplir a regañadientes y por obediencia debida. Una vez nos conocimos, la cosa cambió por completo. Bela tenía 65 años y yo 21, pero nada fue ya igual para ninguna de las dos.

Muchos domingos por la tarde me acercaba a su pequeñísimo apartamento donde vivía con su compañero Pavel Frenkel, judío moldavo y persona peculiarísima. Pequeño y robusto, Pavel significaba la vida, frente al sueño intelectual de Bela, siempre más interesada en aprender y leer que en comer. Ambos configuraban una pareja muy bien mal avenida. Discutían sin cesar pero era evidente que no podían vivir el uno sin el otro. Gracias a Pablo/Pavel, Bela y yo podíamos tomar el té en la cocina más pequeña del mundo, y por unas horas nos daba igual que la Unión Soviética se hundiera. Yo nunca me cansaba de escuchar sus historias y ella siempre quería saber palabras en castellano, cosas de Barcelona o del mundo. Al principio yo no me daba cuenta, pero poco a poco observé que mis explicaciones eran como aliento vital para ellos, Pavel y Bela. Rusia me parecía un lugar irreal, pero esa era la única realidad que habían conocido Bela y Pavel. Y yo era la ventana a otro mundo.

Hoy recuerdo esas conversaciones como algo casi sagrado. Sus silencios y los míos, sus palabras y las mías,  fueron la perfecta comunión de dos mundos desconocidos. Nuestros tés en la cocina se fueron haciendo cada vez más y más largos, de tal forma que Pablo me tenía que acompañar de vuelta a la residencia de estudiantes. Caminábamos por el cinturón, el “koltsó”, enhebrados brazo con brazo intentando no resbalar con las placas de hielo. Caminábamos en silencio, escuchando el crujir de nuestras botas sobre la nieve. De vez en cuando Pablo me preguntaba: ¿eso que has explicado sobre XXX es realmente cierto?. Podéis poner lo que queráis en la XXX porque lo que Pablo necesitaba era creer que había un mundo mejor, una vida mejor más allá de su mundo conocido. Recuerdo muy bien su mirada, esperanzada e intensísima, poniendo toda su capacidad de ilusión en mis palabras. Por aquel entonces Pablo tenía casi 70 años, pero en esos paseos parecía que tuviera 15.

Hoy he llamado a Moscú. El teléfono de Bela daba señal, pero nadie ha contestado. Bela llevaba seis años sin salir de casa. Impedida y casi ciega, mantenía este mes de julio su tono jovial, alegre por encima de lo humano. Una asociación de ayuda judía le pagaba una asistenta de Asia Central a la que Bela estaba enseñando español. En la última conversación, Bela me dijo que estaba muy orgullosa de los avances de su asistenta con el idioma. Bela era primero profesora, y luego persona. Persona única, maravillosa, profundamente inspiradora.

En el año 1993, Bela salió por primera vez de Rusia gracias a una invitación formal  y un visado que tramitaron mis padres a petición mía. Una vez en Barcelona, Bela llamó a Pavel desde el teléfono del pasillo, y entre risas y gritos le dijo: Pablo, todo es verdad! !Todo es verdad! La verdad se había revelado, y nuestros mundos se habían unido para siempre.

Hoy Belochka no está, pero doy gracias por haberla amado y haber sido digna de su afecto.

shalom

Història natural

Durant molts segles les coníferes dels boscos d’Aragnouet van servir per construir els màstils dels més grans vaixells d’Europa. Naus, caravel.les i galeons es movien gràcies a la duresa i rectitud de les coníferes d’aquests boscos.

Entre els segles XVI i XVIII els habitants d’aquesta comarca cuidaven aquests boscos comunals amb l’objectiu de vendre aquesta fusta tan peculiar i preuada. Els vaixells amb aquests màstils tant servien per traficar amb esclaus com per transportar espècies de les Índies Orientals, o enfrontar-se en enormes batalles, on es decidia el destí de nacions senceres.

Avui, passejant pel bosc, m’he tornat a meravellar amb aquests pins majestuosos, que al segle XXI s’han convertit en reclam turístic. El màstil, que també es pot dir arbre major, permet fer avançar les naus, que ben dirigides poden arribar a bons ports. Avui, entre pins rectes reflexiono sobre la necessitat de bons màstils, bons capitans i ports desitjats. Vull pensar que malgrat a vegades no ho sembli, la humanitat va prosperant. Sempre amb molt d’esforç.

I en tot cas, que no se’ns oblidi donar les gràcies als habitants de la regió, que segueixen cuidant del bosc, encara comunal…

IMG_3913 2

De l’amor

FullSizeRender-2

 

Estimeu-vos l’un a l’altre, però del vostre amor no en feu un nus:

que hi hagi un oceà en moviment entre les ribes de les vostres ànimes.

Ompliu la copa del company, però no en beveu només d’una.

Doneu-vos pa, però no d’un sol pa.

 

Canteu i danseu i sigueu alegres, però deixeu que cadascú de vosaltres estigui sol,

perquè les cordes del llaüt no es toquen, però tremolen amb una sola música.

Entregueu el cor, però no per a que l’altre el guardi,

perquè només la mà de la Vida el pot contenir.

 

I estigueu junts, però no massa a prop junts:

Perquè les columnes del temple es distingeixen,

i el roure i el xiprer no creixen a l’ombra de l’altre.

 

 

Khalil Gibran جبران خليل جبران

(traducció C. Domínguez)

D’enlloc

costa-brava-camping-cypsela-resort

Fa dies que el soroll exterior, la quantitat de feina i el compromís personal amb el silenciament han fet que escrigui poc, malgrat que pensi molt.

Les circumstàncies exteriors m’han portat a fer una reflexió profunda sobre la meva pròpia identitat. Possiblement quelcom necessari en temps molt líquids.

Nascuda a Barcelona l’any 1970, la meva infantesa és rica en records bilingües. Una àvia vinguda d’un petit poble d’Àvila i una altra del barri d’Horta van configurar d’inici una identitat d’assimilació bilingüe, malgrat com sovint explico als més íntims, jo reso en castellà. Però parlo amb un català farcit de paraules en rus, anglès, francès o italià, llengües que estimo i miro de parlar de tant en tant.

L’adolescència és plena d’amor per la pàtria petita, Catalunya. El lloc que sento meu perquè l’he caminat, ensumat i gaudit fins a l’extenuació física. Estimo la terra com un pastor les seves ovelles. L’estimo perquè forma part indissoluble dels meus records i aprenentatges i perquè hi trobo el paisatge que és plaent als meus ulls. Del mar a la plana, fins als Pirineus, hi ha quelcom físic que em porta a gaudir del paisatge com si fos part (possiblement ho és) de mi mateixa. No parlo aquí de les persones, perquè el meu estil afectiu, allò que explica la meva forma d’estimar, és possiblement més mesetari que litoral. La mare soriana m’ensenyà una forma d’estimar que té molt a veure amb el silenci i una continentalitat afectiva, que a vegades no és del tot clara pels plenament mediterranis.

Sempre que observo un paisatge nou hi ha sorpresa, però el divendres passat, vaig experimentar una sensació nova i del tot estranya. Em dirigia en AVE cap a Madrid a una jornada formativa. Mentre m’allunyava de Barcelona sentia una incomoditat difícil de descriure, fins que vaig copsar que els paisatges dels Monegros em causaven sorpresa i se’m mostraven aliens, malgrat haver-los contemplat desenes de vegades. Era una sensació estrictament visual, en un primer moment. Els meus ulls em deien que tot allò no era casa meva. Casa meva és aquell país tan petit que “des de dalt d’un campanar sempre es pot veure el campanar veí”. I el que jo veia eren planes gairebé ermes, horitzons llunyans i plans, ben diferents de les constants ondulacions que trobem a casa nostra. Se’m feia en aquell moment evident perquè Machado escriu: “Cielo y tierra pasarán. Cuando cielo y tierra pasen, mi palabra quedará“.

Però també va ser llavors, quan vaig recordar que vivint a Rússia, amb el transcurs dels mesos, els meus ulls es van acostumar a un paisatge del tot nou. Que vaig acabar estimant aquella terra de bedolls blancs i cel gris, fosca i freda a l’hivern, per la senzilla raó que suportava els meus passos i perquè era el que els meus ulls, dia rere dia, veien. També allà vaig experimentar com els meus companys, una über-heterodoxa companyia de georgians, ucraïnesos, russos, kirguís i un jueu, resolien les seves disputes nacionals a cops de puny. Cops de puny que finalment s’oblidaven amb una mica de vodka i molta trigonometria per estudiar junts, de tal manera que les misèries quotidianes passaven pel damunt de les identitats individuals i nacionals. A la companyia heterodoxa s’hi afegia la meva companya cubana i jo mateixa, que als ulls dels cubans era una catalana no del tot assimilable a la “madre patria” espanyola, que de forma inexplicable per mi era enyorada per ells, caribenys mal adaptats al fred moscovita. Quina situació tant kafkiana. Cubans que només havien tastat el torró d’Alacant em discutien la meva identitat davant de russos que em veien més espanyola que la puerta d’Alcalà…

bosc rus

D’aquella època vaig aprendre que el lloc on naixem ens marca i configura, però que per damunt de tot, la humanitat és la veritable pàtria, per bé i per mal. Tots nosaltres compartíem edifici amb angolenys, nicaragüencs, búlgars, vietnamites, homes del Daguestan i sirians, entre d’altres. Tots ells provinents de països socialistes, i per tant amb una suposada identitat comuna, basada en el pensament de Marx, però en realitat compartint les misèries de la vida a Rússia mentre el discurs socialista és desmoronava tràgicament. D’allà vaig tornar convençuda que les grans narracions mai seran més grans que la fraternitat que ens devem, i potser això em torna una mica cínica davant d’algunes coses. Mentre hi hagi misèria al món, la resta em mobilitza de forma tèbia.

De nou a l’AVE, i mentre anava avançant per la Meseta, una nova sensació, propera a l’enyor m’anava conquerint. I llavors, em vaig adonar que jo no era strictu sensu d’enlloc. Aquesta sensació de no-pertinença, de sentir-me estrangera a tot arreu, inicialment em va provocar certa incomoditat, però a poc a poc em vaig adonar, que en el fons sempre he sabut que jo no pertanyo a cap lloc i que cap lloc em pot posseir de forma completa.

D’altra banda, la meva història personal i sobretot els meus convenciments més profunds fan atenció als més desfavorits del món. Mentre a casa nostra hi ha gent que no té llum a casa, o que espera massa temps per ser atès a la sanitat pública, certs processos em generen un cert rebuig. No perquè cregui que no són importants, sinó perquè n’hi ha d’altres que són més urgents. Amb això no els vull desautoritzar, però el nostre país, que ha viscut una llarga temporada de creixement i bonança s’ha mobilitzat com mai, per una causa més que legítima, però no més que d’altres, que potser són més fraternes i fins i tot més justes (sobretot pels més desafavorits).

Ciutadana del món i germana dels homes, no necessito banderes sinó afectes. Vull veure en cada persona un germà, algú a qui respectar i comprendre. Puc com-prendre (del prefix amb i prehendere, atrapar) tots els sentiments, però en tot cas, el que no puc acceptar és la corrupció ni l’engany. Entenc i comparteixo el desig de qualsevol poble a ser respectat i acceptat, i el desig de qualsevol grup humà a somiar amb un futur millor. I sobretot detesto que uns vulguin dominar d’altres. Com a dona, sé que el més fort té el poder d’oprimir al dèbil, però precisament per això, la grandària del fort s’ha de mesurar per la seva capacitat de dominar la seva força. Per desgràcia, pocs dels grans ho fan.

Tot plegat em porta a reflexionar a fons sobre allò que és important, allò que és urgent i allò que és vital, mantenint una equidistància, ara ja impossible, i mentre sento vergonya, ja fa molts mesos, de la poca qualitat democràtica, o simplement humana, dels personatges que ocupen, dia rere dia la nostra actualitat.

En el fons, estic feliç de no ser d’enlloc.

O de saber estimar la terra que m’acull.

Meseta Blanca 2-12-14 (3)

“En tiempo de desolación, no hacer mudanza de propósito”

Realment, els esdeveniments dels últims dies conviden a “hacer mudanza” però no de propòsit, sinó de país. Un país que put te’l miris per on te’l miris. On, gràcies a una bonança econòmica llarga (llarga en termes històrics) hem viscut enganyats i feliços per una pàtina de modernitat, democràcia i cosmopolitisme. On, un cop va arribar la crisi, els de la pela s’han empoderat, i allà campen, retallant serveis i llibertats. Quina pena veure com el desenvolupament econòmic no ens ha servit per canviar la idiosincràsia de país! Sembla que per segles que passin la pell de toro segueix dividida, plena de gent que no s’entén, i que em temo que no s’entendrà mai. Quan parlo dels primers pobladors de la Península ja prou que explico que celtes i ibers tenien organitzacions socials i formes culturals ben diferents. Ben mirat, les coses no han canviat tant. Quin càstig la convivència! Ja ho deia l’amic Rousseau, l’home té una natura bona, però la societat el corromp…i jo penso que hi ha societats que corrompen més que d’altres (això ho podria haver pensat perfectament el Dr. Puigverd). No tinc bola de vidre, però sí una mica de món, una mica d’història personal, una mica d’estudis i una certa intuïció. I la intuïció em diu que podem seguir així molt de temps (de fet ja fa més de tres segles…) si no apareixen nous actors en escena. I la intuïció també em diu que el mal (malgrat que encara pot ser més dolorós que avui) ja està fet. Un cop més.

Observem astorats com a la primera de canvi (bé, potser no és la primera?) sinó des de fa uns anys, apareixen les ganes de sotmetre, de manar massa fort, de guanyar sempre. Fa falta trobar algun polític de talla que sàpiga i vulgui negociar, dialogar, parlar… Saber i voler són dos verbs de naturaleses diferents, i avui penso que en l’escenari hi ha gent que no sap, i el que és pitjor, que no vol parlar. Observem astorats (de debò la jornada de diumenge va ser una sorpresa?….) com la policia s’enreda amb les porres i les iaies del país surten al carrer a votar en un referèndum que la història jutjarà (però no abans de deu anys, que així van les coses a l’hora d’escriure sobre la història, més enllà de premsa partidista i emocions a flor de pell). La jornada de diumenge, escrit dos dies després, no deu anys després, és una vergonya històrica, una escombraria d’una democràcia dèbil, impostada, i quelcom que jo voldria no haver ni sospitat ni viscut. Però ara ja està. Ja ha passat, i això no es pot canviar. I és el que cal enfrontar amb perspectiva i m’agradaria pensar que amb més intuïció, informació i sensibilitat, que no pas càlcul “polític”. Cap fred i cor calent, encara que costi molt.

Arribats a aquest punt, tinc clar qui comença la baralla, però tal com s’acostuma a fer quan dos nens petits es barallen en un pati d’escola, primer els separem i després, havent escoltat les dues parts, immediatament se’ls diu que es demanin perdó. El jutge té clar qui és el culpable; el mestre també, però pot obviar-ho temporalment, amb l’objectiu d’evitar mals majors. I perquè l’objectiu del mestre és mantenir la convivència, com un bé major. I després, discretament, entre bambolines (allà on sempre s’ha fet la política de debò!) es parla amb cadascuna de les parts, amb els dos nens, per fer-los observar el seu error, amb l’esperança que la baralla no es repeteixi.

En aquest país que put tant, tenim massa jutges i pocs mestres. I poquíssims polítics. Dels bons, vull dir.

3 d’octubre de 2017

El dret al silenci

Bandera-Iroquesa-920px

Bandera de la Confederació Iroquesa

En aquests dies intensos, on la informació i la desinformació s’han convertit en el pinso diari, vull reclamar el dret al silenci. Un silenci que no és manca d’opinió (és humanament possible no tenir una opinió sobre el que estem vivint?), sinó dret a una intimitat ciutadana que no vol ser compartida.

Fa molts anys un professor de programació neurolingüística ens va parlar als seus alumnes del Master en Counseling,  entre els que em trobava, de les personalitats intrusives. Les persones intrusives volen saber moltes coses dels altres, no pas per una intenció malsana, sinó molt sovint perquè necessiten refrendar o contrastar les seves pròpies vivències i opinions. És una forma de ser i fer que es pot compartir o no. En tot cas, els humans som diversos i entenem les relacions de formes també diverses.

En realitat, la conversa, l’intercanvi d’opinions, l’escolta respectuosa de l’altre és el que més pot diferenciar-nos d’altres espècies animals. Però els matisos de la conversa es perden quan hi ha massa soroll. I si n’hi ha molt, ni tant sols es pot conversar.

Crec que en termes generals la societat del segle XXI, amb tots els seus avenços tecnològics és bastant més intrusiva que la societat d’èpoques anteriors. No vull pas dir amb això que no m’agradi disposar de facebook, twitter, instagram, “terra, mar i aire” per comunicar-me, però trobo a faltar un botó que permeti restar en silenci una estona. Es clar que a falta de botó, la única cosa que haig de fer es seure i restar en silenci. Finalment, les xarxes socials no sé si em serveixen per informar-me (en l’acepció clàssica del terme informació), encara que sí que em serveixen per comunicar-me; per emetre (quan vull) una opinió, i veure les dels altres (quan vull i ho desitjo). Però tinc cada cop més clara la certesa que no trobo fàcilment a les xarxes (i desgraciadament tampoc a la premsa en general) l’espai d’informació que necessitaria en un moment com el que estem vivint.

Aquests dies, dies de veritable exaltació social, política i ideològica, mantenir certa discreció personal s’ha convertit en un acte gairebé heroïc. I avui he viscut una situació que m’ha permès copsar la veritable trascendència del silenci oportú i militant. Alguns alumnes, per causa de la vaga de secundària convocada per demà, volien saber la meva opinió (personal, més enllà de la institucional!) sobre la vaga, sobre el referèndum, sobre l’actuació de l’Estat espanyol, sobre el 2 d’octubre, sobre, sobre, sobre… La seva sana i justa innocència, així com la seva exhaltació juvenil s’han trobat amb la meva ferma vocació de no anar ni un milímetre més enllà del que considero necessari en l’exemplificació d’una ciutadania responsable. Això vol dir, en el meu cas, apel.lar a la  seva reflexió personal i a la coherència d’actes darrere de la reflexió. Hi ha en aquest exemple alguna pista sobre la meva opinió? Cap ni una, però si hi ha un mestratge metodològic.

Justament aquests dies, com a professora d’història he parlat, i molt (!) de la vinculació entre el moviment romàntic i el naixement dels nacionalismes moderns. El Romanticisme neix com un moviment reactiu enfront dels principis de la il.lustració, que a la seva vegada es confrontava al pensament absolutista de l’Antic Règim. La il.lustració, que col.loca la raó al centre de l’acció humana, va postular en el seu format quasi definitiu la separació de poders i la sobirania nacional com els tótems de qualsevol societat que volgués prosperar. Ni la il.lustració ni el romanticisme, com tampoc els nacionalismes són un tot homogeni. Les generalitzacions sempre són traïdores, i per tant cal estimar el detall, com cal estimar el saber. Conèixer la història a fons per copsar-ne els matisos és a dia d’avui gairebé una obligació cívica. En dies com aquests, llegir Josep Fontana o saber una mica més d’història de les idees pot ser d’ajuda per no perdre’s entre tant de caldo gros.

Addicionalment, va ser una mica més enllà del Voltaire, Montesquieu, Rosseau i Locke, quan va sorgir la versió moderna de l’individu. La teoria de Locke sobre el jo i el pensament està a la base del que ha succeït a occident des de finals del segle XVII. Abans d’ell, l’indivudi com a tal, com a subjecte i actor de la història no existia. O en tot cas existia nomes per a uns pocs escollits, reis, Papes i nobles que decidien la sort de tota la resta. I la resta ni tant sols es considerava a si mateixa.

Així doncs, cal imaginar molts homes i dones al llarg de la història sense tenir més consciència que la de ser una propietat dels seus senyors.   El guany que va suposar per la humanitat sencera considerar que el pensament racional podia donar explicació a moltes coses (no diré totes) potser no es prou ben valorat a dia d’avui, on l’exaltació dels sentiments i del jo fan trontollar la base de la nostra societat.

Societat que efectivament neix amb la Il.lustració, la Revolució Francesa i la Constitució Americana del 1787. Aquesta obra, que comença en el seu preàmbul amb les paraules “We the people…” (nosaltres, el poble…) marca un abans i un després en la configuració dels estats moderns (malgrat els esclaus negres o les dones no estiguessin inclosos en aquest moviment democràtic i profundament inspirador per la resta de nacions europees). Val a dir, però, que el propi Benjamin Franklin es va inspirar parcialment en la Confederació Iroquesa o de les Cinc Nacions, que constitueix l’Asamblea més antiga i democràtica que es coneix, fundada possiblement a l’entorn de l’any 1.000. Els pobles nadius americans disposaven d’un complex sistema assambleari que els permetia resoldre els conflictes territorials que de tant en tant sorgien. El Congrés de les Cinc Nacions incloïa dones (els iroquesos eren una societat matrilineal) i ancians, i disposaven de mecanismes de control i debat per qualsevol assumpte. Desgraciadament avui en dia són poques les persones que coneguin la experiència iroquesa i la sofisticació  que suposava el seu sistema d’organització social…

En qualsevol cas, tornant a l’individu modern el més interessant de tot plegat és que el pensament racional rau en tots i cadascún dels individus d’una societat. Tots (amb contades excepcions) podem pensar per nosaltres mateixos. I és la nostra obligació fer-ho. Tant bé com sapiguem.

I tornant al mestratge metodològic, en el fons es tracta de respectar el pensament  de cadascú i educar veritables ciutadans. Individus que tinguin sentit crític, que fugin del gregarisme i aportin llum a qualsevol situació present o futura. Persones que a més de pensar puguin argumentar i debatre des del respecte a la diferència; i que respectin els valors democràtics que tants segles de lluites han costat. Per una raó d’agraïment històric als que ens van precedir (iroquesos, grecs clàssics o francesos, tant se val), i de respecte pels que vindran. I que puguin compendre que el silenci també és una opció.